Literatura Música

Matar a la inocencia

Youth is wild, imaginative, innocent;
Adults are debauched, unimaginative, guilty!

William Saroyan

Es asombroso como a lo largo de diferentes épocas el ser humano intenta expresar una misma idea, aunque sea a través de diferentes medios y con distintas voces. Y es a su vez fascinante, la capacidad de relación que podemos llegar a desarrollar, siendo capaces de encontrar una conexión entre discursos del mundo occidental apartados en el tiempo.

¿Qué relación puede guardar la celebre novela de Harper Lee, To Kill A Mockingbird (Matar a un ruiseñor), y la canción más famosa del grupo británico Supertramp, The Logical Song? Por supuesto, ambas son dos obras maestras, pero hablamos de una novela publicada en 1960 y de una canción grabada en 1978.

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Dos obras distintas, dos historias diferentes sin una relación aparente. Pero si leemos verso por verso la letra de The Logical Song, podemos llegar a encontrar muchas similitudes entre lo que Roger Hodgson escribió y el desarrollo del personaje principal de To Kill A Mockingbird, la pequeña Scout Finch.

When I was young, it seemed that life was so wonderful,
A miracle, oh it was beautiful, magical.
And all the birds in the trees, well they’d be singing so happily,
Joyfully, playfully watching me.

Cuando era joven la vida parecía maravillosa,
un milagro, era hermosa, mágica.
Los pájaros en los árboles cantaban felizmente,
jubilosos,  alegres, observándome.

Roger Hodgson comienza con una oda a la inocencia del ser humano en sus primeros años de convivencia con todo su entorno, a la infancia. En cuatro versos nos describe cómo era el mundo ante los ojos de un niño; alejado e indiferente todavía de los problemas de los adultos, cuando todo era nuevo, hermoso, ¡fascinante! Su inocencia todavía intacta hacía que todas las cosas de su alrededor le pareciesen extraordinarias y maravillosas, incluso el simple canto de un pájaro llamaba su atención. A su vez, la protagonista de Matar a un ruiseñor, Scout, es una niña. Una niña que disfruta de sus primeros años de vida sin demasiadas preocupaciones. Todavía no va al colegio y se limita a jugar con su hermano mayor, Jem, y un amigo que pasa todos los veranos en el pequeño pueblo donde viven. Además, el título de la novela hace referencia a un ruiseñor, el pájaro cantor por excelencia. Tanto el ruiseñor en la novela, como los pájaros en los árboles que cantan de la canción son el símbolo de la inocencia que experimentamos en nuestra primera infancia. Todo es perfecto e ideal (o debería serlo) en este etapa de la vida. ¡PERO ENTONCES…!:

But then they send me away to teach me how to be sensible,
Logical, responsible, practical.
And they showed me a world where I could be so dependable,
Clinical, intellectual, cynical.

Pero entonces me mandaron a que me enseñaran cómo ser sensato,
una persona lógica, responsable, práctica.
Y me enseñaron un mundo donde podía ser formal,
frío, intelectual, cínico.

Pero entonces llega el momento de asistir al colegio. Llega el momento en que hay que pasarse horas sentado en un pupitre, mientras por la ventana podemos observar todavía los últimos resquicios del verano, los primeros síntomas del otoño, con sus camas de hojas donde nos gustaría tirarnos sin más. Y allí, entre esas cuatro paredes empiezan a moldearnos a su imagen y semejanza, y en la mayoría de los casos, los padres serán sus cómplices. Es la hora de formar a esas pequeñas criaturas, que hasta entonces imaginaban cosas imposibles, historias maravillosas, para que se acomoden perfectamente la la sociedad en la que viven, para que no se salgan del tiesto en el futuro. A la pequeña Scout también le llega su hora, debe ir a la escuela, y desde el primer día comienza a darse cuenta de cómo funciona aquel lugar. No tardarán en aparecer interrogantes en su mente que no sabe cómo resolver. Ofensas de algunos de sus compañeros que no sabe como recibir y asimilar ya que no comprende, pues no tienen ningún sentido. Ofensas, por supuesto, que los niños han absorbido de los adultos y repiten como un loro. El padre de Scout, Atticus,  no es como el resto, no se comporta como los padres de los otros niños. Y como bien sabemos, unas ideas y comportamientos poco normales no pasan desapercibidos ante el resto del rebaño.

Now watch what you say or they’ll be calling you a radical,
Liberal, fanatical, criminal.
Won’t you sign up your name, we’d like to feel you’re
Acceptable, respectable, presentable, a vegetable!

Cuidado con lo que dices o te llamarán radical,
liberal, fanático, delincuente.
Firma aquí, queremos que seas
aceptable, decente, presentable, ¡un vegetal!

El padre de Scout, abogado, tiene que defender a un negro de una falsa acusación de violación a una joven blanca. Atticus no se limita a hacer su trabajo como letrado, sino que arriesga su integridad física para defender la vida de su cliente. Teniendo en cuenta que viven en un pueblo de Alabama a principios de los años 30 donde la segregación racial seguía existiendo, Atticus no es visto con muy buenos ojos por sus vecinos. ¿Y quién lo paga? Sus hijos, ya que los adultos son tan hipócritas que se limitan a hablar a sus espaldas, transmitiendo a sus hijos su propio racismo, y estos, que todavía no conocen la hipocresía que se ha apoderado de sus padres, vierten las críticas y ofensas de sus progenitores en Scout. Los padres, muchas veces cómplices de este sistema educativo, ayudan sin darse cuenta a que sus hijos se conviertan en un eslabón más de la cadena, en un engranaje que hace que la maquinaria siga funcionando a merced de unos cuantos. En algunas ocasiones, alguna de estas piezas sale defectuosa (como Atticus), y los operarios de la máquina tratarán de apartarla para que no interfiera en el funcionamiento de su creación. Pero lo peor es que otras piezas que han nacido del mismo lugar, se unirán a las manos que las manejan y las colocan donde ellos desean, y señalarán a la pieza defectuosa para recordarle que de esa forma no tiene cabida en su maquinaria. Roger Hodgson lo describe perfectamente: ellos necesitan VEGETALES.

Entre ambas creaciones pasaron 20 años, pero parece ser que en esas dos décadas el mundo, en el fondo, no había cambiado demasiado. Las mismas inquietudes invaden a los protagonistas de ambas historias, los mismos miedos y las mismas consecuencias. Aunque lo más inquietante es que hoy en día, ya en el siglo XXI y 55 años después de que se publicase Matar a un ruiseñor y 36 años desde el lanzamiento de The Logical Song, este sistema sigue engendrando el mismo tipo de personas. Por eso se pueden encontrar tantas similitudes entre dos creaciones que aparentemente no tienen nada que ver, pero que ambas hablan sobre la transición entre la infancia y la madurez, la pérdida de la inocencia como nunca volveremos a experimentar. El lento proceso en que nos convierten en personas adultas según su método y sus reglas. Sin embargo, permanece siempre una pequeña esperanza de que no logren su objetivo, y algunas de las guías que nos pueden ayudar a salirnos del camino son novelas como To Kill a Mockingbird o canciones como The Logical Song. Son pequeños agujeros en el alambrado que delimita ese camino, agujeros con alambres puntiagudos y cortantes, sí, pero por los que podemos escapar si abrimos bien la mente y el corazón y no echamos la vista atrás.

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